lunes, 3 de diciembre de 2012

El anillo del leal

Las emociones se entremezclan desde que pude sentir el tacto de las páginas de mi primera novela entre mis dedos. El anillo del leal es mi bautismo en el mundo literario; una apuesta por una historia pequeña que ocurre en un pequeño reino recién estrenado: el de Navarra. Habrá que viajar hasta el año 1177 para descubrir la vida de Miguel y Álvaro; para sumergirse en el misterio de un anillo que aparece en manos de un caballero que no es su depositario y para ser testigos de la lucha de dos muchachos por convertir en realidad sus sueños.
Me siento extraña todavía al ver mis fábulas, mis letras, todo aquello que he imaginado y sentido a lo largo de algo más de un año plasmado en seiscientas páginas de historia. Ahora empiezo a ver fallos, pequeños detalles que se han escapado, pero también veo cómo mi esfuerzo de horas y días —hecho con gran agrado por cierto— se ve recompensado.
Os invito a recorrer conmigo este camino que espero que os guste.

domingo, 19 de agosto de 2012

Tras dieciocho años...


Han pasado dieciocho años desde la última vez que la Vuelta Ciclista vino a Pamplona. Dieciocho años que no han borrado la huella del ciclismo en nuestra tierra, ni han esquilmado la afición. La vieja Iruña ha despedido hoy la Vuelta esperando paciente bajo un sol que repartía sus rayos sin clemencia. Había expectación por ver de nuevo a los que habían volado por el tramo del encierro. Por reconocer a Contador, por ver a los navarros que corren en los distintos equipos (Imanol Erviti (Movistar Team), Gorka Verdugo y Juanjo Oroz (Euskaltel), Xabier Zandio (Sky) y Javier Aramendía (Caja Rural). Y por saludar a las glorias de antaño -y no tan antaño- que tantas jornadas de buen ciclismo nos han regalado: Fernando Escartín, Abraham Olano, Pruden y Miguel Induráin, Chente García Acosta...
Salida con Contador y Castroviejo ocupando las primeras posiciones
Pruden Induráin departiendo con Olano, Escartín y Chente

Fernando Escartín esperando la salida

Como los caracoles... con la casa a cuestas

La otra Vuelta se vive en los autobuses, en los espacios habilitados que quedan en la parte de atrás. Allí velan los otros, los que apenas aparecen en los medios, los que organizan los detalles.
Así son las guardias de los otros. Con la lavadora puesta y la secadora a punto para que los maillots estén listos para la siguiente etapa.
Así cuidan a los ciclistas, para que puedan hacer rodillo luchando con el calor.

A las siete el 18 de agosto


El termómetro de la plaza del Castillo marcaba 46º cuando apenas faltaban unos minutos para el inicio de la Primera etapa de la Vuelta Ciclista a España 2012. Era tarde de inusual calor en Pamplona, pero tarde de ciclismo que nadie se quiso perder. Una contrarreloj por equipos sirvió de aperitivo para una Vuelta norteña que saludó con calor del desierto.
El Caja Rural, equipo navarro, fue el primero en la salida, ataviados de uniforme sanferminero para lidiar con un toro de cuernos de cabra. En el mismo punto de partida aguardaron mientras comenzaba la cuenta atrás con Juan Mª Guajardo, voz de la vuelta,  y navarro, y Miguel Induráin haciendo de maestros de ceremonia.
La gente hacía rato que se había apiñado en el recorrido del encierro, en la plaza de toros o a la sombra de los árboles en la carretera de la Universidad. Otros esperaban en las terrazas de la plaza del Castillo con un vaso de bebida bien frío.
Pero cuando llegaron las siete de la tarde, todos olvidaron la bebida, el calor e incluso el cansancio de la espera porque lo único importante en esos momentos eran las bicis.

El Caja Rural corrió sin referencias, pero con la fuerza de sentirse en casa, al calor de los suyos. No pudieron con los equipos grandes, pero se manejaron con solidez por las conocidas calles de Pamplona y de la cuenca.
Los que sí tuvieron premio fueron los del equipo Movistar Team. Salieron los últimos, pero se alzaron con la victoria final, logrando diez segundos de ventaja sobre el Rabobank. Satisfacción plena en la escuadra navarra.


miércoles, 15 de agosto de 2012



Cerco de Artajona

El Cerco de Artajona es más impresionante si se llega a él a través del casco urbano, ascendiendo lentamente, encontrando en cada recoveco un poquito de ese pasado glorioso donde reyes, obispos y canónigos convivieron durante siglos. Porque Artajona también fue reino durante un breve periodo de mediados del siglo XII.
Una vez arriba, por unos instantes crees estar en la cima del mundo. Y el viento, que juega burlón con tus cabellos, trae aromas de espliego y manzanilla.
Si miras atrás, descubrirás las torres cúbicas que defendieron hieráticas la majestuosidad del lugar. Hoy quedan en pie nueve, pero debieron ser catorce. Y podrás admirar también la iglesia de San Saturnino  y los restos del donjón o torre del homenaje que permanecen como tronco talado para dar constancia de su existencia.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La catedral de Pamplona

Dicen que los pamploneses no tenemos especial devoción por el estilo neoclásico y que por eso no apreciamos en su justa medida la extraordinaria fachada de nuestra catedral. Un proyecto del arquitecto Ventura Rodríguez que ejecutó, por expreso deseo de este, Santos Ángel de Ochandátegui; dotando de vida lo que tan solo parecía un dibujo.
Dicen que no entendemos el lenguaje de las campanas y que nos molestan. Pero hubo un tiempo en que ellas eran las transmisoras de noticias, nos avisaban de incendios, de muertes, de visitas y nos alertaban de posibles invasiones. La torre norte de la catedral de Pamplona cobija la campana María; la segunda más grande de Europa. Pesa diez toneladas y su badajo dos. Su tañido se escucha en toda la cuenca de Pamplona. Y ese sonido se utiliza para diferenciar lo qué es cuenca de Pamplona de lo que no es.
Dicen que el oficio de campanero estaba mal pagado y que para sustentar a su familia, los campaneros debían contribuir con otros trabajos como embalsamar a los miembros del cabildo, adecentar el templo, perfumarlo, colocar flores... A cambio, se aseguraban que el oficio continuaría en su familia como herencia. La casa del campanero de la catedral de Pamplona es un adosado de tres plantas que permitía al campanero llegar veloz hasta las torres para tocar las campanas. Esta casa estuvo ocupada hasta los años ochenta.
Dicen que el anterior archivero-bibliotecario, Goñi Gaztambide, que murió en 2002, poseía más de ocho mil libros que se han incorporado a la biblioteca Capitular recientemente. La biblioteca de la catedral es un rincón de estilo rococó donde todo está perfectamente colocado y ordenado. En ella se guardan diferentes códices, incunables y quince mil volúmenes antiguos. Solo poderla contemplar es ya un goce para la vista y pasar los dedos por entre aquellas páginas un deleite del alma.
Dicen que la sacristía de la catedral de Pamplona es un buscado juego de simetrías, donde una puerta puede abrirte paso a otra sala o simplemente mostrarte el interior de un armario. Una sala abigarrada llena de colores y de espejos con uno de los lavamanos más peculiares y preciosos que existen.
Dicen que bajo el suelo del antiguo palacio se esconden retazos de la historia de nuestro reino. En las obras de excavación que se están llevando a cabo, han aparecido restos interesantes que se pueden datar en el siglo I antes de Crito y I después de Cristo. También ha aparecido una calzada romana, un pequeño silo o almacén, el antiguo dormitorio de los canónigos y un pozo de los no deseos. Se ha encontrado también, entre otras, una moneda de Sancho VI el Sabio y otra de Luis le Hutin.
Dicen que la capilla de San Jesucristo era la capilla personal del obispo de Pamplona. Esta capilla fue construida a finales del siglo XII. Posee una reja gótica y una ventana de albastro.
Dicen que el refectorio tiene el tamaño de la capilla Sixtina. El refectorio era el lugar donde los reyes navarros, tras ser coronados, recibían a los invitados de las casas europeas. Por eso, los nervios de su techumbre contienen los diferentes escudos de las casas reales que han tenido algo que ver con nuestro reino. Allí tenían lugar también las reuniones de las Cortes y, con motivo de su celebración, se interpretaba el pasaclaustro, hoy conocido como himno de las Cortes de Navarra.
Dicen que la torre chimenea de la cocina es impresionante. Y lo es. Un enorme tubo que asciende hacia el cielo rodeado de cuatro pequeñas chimeneas. El pasaplatos que comunicaba con el refectorio, hoy permanece cerrado.
Dicen muchas más cosas, pero no te las voy a contar todas. Es mejor que las descubras.

jueves, 6 de octubre de 2011

Adiós Steve

Recuerdo claramente la primera vez que un Mac entró en mi casa. Entre otras cosas, porque tomé una foto de él una vez instalado. (Aunque no hubiera hecho falta hacer la fotografía para acordarme). Antes había habido otros: un ZX Spectrum y un Amstrand, pero debo reconocer que no había habido feeling entre ellos y yo. Han pasado muchos años desde aquella primera vez, en que el sonido de Apple se escuchó en mi habitación. Desde aquel día no ha parado de sonar. Ahora escribo desde uno de ellos, no desde aquel que ya se quedó obsoleto, sino desde otro más grande, más plano, pero igual de sencillo y de original.
No es que me haya sorprendido la muerte de Steve Jobs, porque era algo que se sabía que podía suceder en cualquier momento. -Precisamente este domingo, en el Semanal XL venía un pequeño reportaje sobre él y su mujer-. Pero no por eso he podido dejar de sentir una pequeña angustia dentro y una gran tristeza. El hombre que quiso cambiar el mundo, nunca dejó de imaginar, nunca dejó de creer, nunca dejó de crear. Porque también creó. Detrás de cada una de sus pequeñas genialidades, hay mucho de arte y de diseño.
Cuando el hombre se empeña en dejar su huella en el mundo pueden suceder dos cosas. O aparece un socavón lleno de cadáveres o un invento genial que hace felices a miles de personas y saca sonrisas de ellas. Agradezco que Steve Jobs haya sido una de estas últimas. Mi Mac y yo nos entendemos perfectamente.